A MI MAESTRO.
OHHHH MI MAESTRO.
Dicen que te llamas Inocencio Molina
Molina, “apellida de mi madre porque mi padre era colombiano que vino y se fue”
decías claro. Tuwak era tu clan, descendiente directo de señoras, maestras,
maestros, sabias y sabios de la cultura Cabécar. Hijo directo de nuestra meca (Sa
kaska/San José Cabécar) de nuestros grandes Useklas que han mantenido de pie lo
que queda del reino de Ara, Arali. Ante tus ojos la grandeza de esta tierra no
era suficiente porque fuiste educado a junto maestros Useklas empezando por tu
abuelo que tenia el don de la metamorfosis que murieron luchando por esta
tierra.
Eras fuerte, fuerte, sen todos los sentidos
de la palabra, eras fuerte porque me enseñaste a llorar ante el dolor de un perro,
ante el dolor ajeno, ante las desgracias del prójimo. Eras fuerte porque nunca
doblegaste tus principios y creencias ante el mundo occidental. Desconfiabas de
la plata porque nos envenenaba y te daba miedo que quisiéramos vender nuestra
tierra por plata que era básicamente vender nuestra madre por unos colones. “El
indio no se vende por plata porque la plata se gasta y la tierra sigue”.
Eras fuerte tal como lo dijo mi abuela:
-
“Mi viejo era fuerte, muy
fuerte, lo vi matar tigres defendiéndome, lo vi cortar hectáreas con hachas
para sembrar, su abuelo era fuerte negro” y
luego de una pausa que recogía casi cien años la escuché sentenciar
bajando la mirada con nostalgia:
-
“Solo el tiempo lo pudo vencer
y ante ese no hay hombre fuerte”
Me contaste noches enteras el conocimiento
para vivir en paz y hacer el bien. Las historias que me has dicho siguen en las
bibliotecas de la memoria del corazón, siguen intactas con la palabra viva que
es una extensión de mi ser por lo cual debo ser integro para no ser un traidor
como diría una maestra Bribri.
No podría estar más agradecido con la vida
por el milagro de nacer entre estas dos culturas, en este tiempo, en estos
lares y ser ñieto de dos grandes seres humanos.

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